ATRAPADO

Finales de agosto-principios de setiembre. Poco antes de mi salida Sigo en Yaundé. 2 semanas con malestar físico pospusieron mi salida. Malaria. Hongos estomacales. Se añaden al repertorio

Barrio Mvog Betsi, Yaundé. Camerún.

Barrio Mvog Betsi, Yaundé. Camerún.

de enfermedades fácilmente “accesibles”. Miro a través de la ventana. Al final me ha alcanzado. La temporada de lluvias se adelantó. Por un momento siento miedo. Una extraña sensación recorre mi vientre. Oscuros pensamientos pasan por mi cabeza. Mis peores augurios se cumplen.  Tristeza, desespero… Duda. Algo confabula para impedir mi marcha. Mi ánimo está bajo. Emprender la ruta con mares de agua cayendo del cielo se me antoja una odisea. Un imposible. Pienso en el abandono. En volver. Me maldigo.  Me justifico. Me perdono. Me digo a mí mismo que haré otra ruta. Más fácil. Más llevadera. Quizás recorrer la Península Ibérica a pie. También me gusta la idea. O la Ruta de la seda. Mi plan inicial….aunque imposible ahora. En invierno las temperaturas alcanzan allí los -20ºC… Definitivamente tendrá que esperar. Mi mente navega a la deriva. Obligatoriamente. Involuntariamente… Mis fuerzas flaquean. Una sensación amarga se apodera de mí…. Me siento perdido. No hay salida. Estoy Atrapado.

HÉROES EN ZAIRE

Pero entonces recuerdo la fuerza de la gente que me acompaña aquí.  La increíble historia de Cristina. Vivió una guerra, la delcristina-antolin antiguo Zaire (actual República Democrática del Congo). Que posteriormente pareció no tener fin.  Mobutu, el dictador, como anteriormente otros presidentes africanos, pasó de ser adorado a ser odiado.  De ser la salvación, se convierten en la perdición de sus países. Es un ciclo que parece reproducirse una y otra vez. Su inicio esperanzador se tornó oscuro. Egoísta. Corrupto. Definiciones comunes en política africana. Sus palabras de esperanza por un gran país que prometía crecer distinto, se esfumaron. Se abandonó al lado oscuro…si alguna vez estuvo realmente fuera de él. Su moneda se devaluó rápidamente. Arruinó al país. Y estalló lo inevitable. Guerra. Masacres. Injusticias. Corría el año ‘96 En la zona de Kivu, frontera con Ruanda y Burundi, cuando con el líder guerrillero congoleño-ruandés, y futuro presidente Kabila, empezó el conflicto. Mobutu había apoyado, dos años antes, la masacre de los Tutsi por los Hutu en Ruanda. Y ahora los primeros, ahora en el poder, veían el momento de su venganza. Las tropas ruandesas avanzaban, gracias a las desgracias pertrechadas por Mobutu, con el favor del pueblo. Su objetivo, descabalgar a Mobutu del poder. El ejército de éste, diezmado e impotente, se retiraba. Día a día, paso a paso. Pero decidieron que su retirada no sería gratuita. No regalarían una joya a su enemigo. Dejarían tras de sí un país devastado. Si no era para ellos, quedarían solamente cenizas por conquistar. Así que durante su retirada violaron, mataron… Destrozaron vidas y esperanzas. De su pueblo. De su propia gente. Mas no importaba. Una ceguera oscura e irracional había tomado ya sus corazones. Las ansias de venganza y la rabia rezumaban sin control de unas heridas pertrechadas al propio orgullo. En sus pechos, llenos de odio, no cabía ya la razón. Mientras tanto,  en este avance, en un lugar llamado Isiro,  se encontraban Cristina Antolín y sus semejantes. Cualquier persona hubiera tomado la repatriación que se les ofrecía. Ellas no. La  Rechazaron. Según su propia filosofía, si querían mirarse al espejo por las mañanas, no podían irse. Ni querían. El amor cultivado por esas gentes amables, simples y sonrientes, les impedía dejarlas ahora. En sus peores momentos. Esta era la razón de sus vidas. Su momento de mostrar su fe y su valía. Y así se quedaron y, como todo el mundo que pudo, se escondieron. Vieron llegar el oscuro ejército de Mobutu en retirada y penetraron en la selva. Donde los pueblos pigmeos, largamente maltratados por toda civilización que los ha cruzado, les esperaban. Sin reproches. No había duda en sus actos. Estos pueblos afables las refugiaron, junto con quien pudieron encontrar en el camino. La selva y los pigmeos fueron para ellas las puertas del cielo. La jungla, las fieras y los mosquitos, otrora sus enemigos, se volvieron sus aliados. Esta es parte de la historia de Cristina Antolín. Directora del hospital Saint Martin de Porres, en un barrio llamado Mvog

Ana Gutiérrez

Ana Gutiérrez

betsi, en Yaundé, donde realicé mi voluntariado (Ver proyectos aquí) con Fundación Recover.   Forma parte de unas mujeres de pasta distinta,  realmente extraordinarias. Sus nombres no os dirán nada: Crisitina Antolín, Ana Gutiérrez, Pilar, Mabel… Pero sus corazones son grandes.  Y desprenden vitalidad, fe, fuerza y coraje como nadie.. Ellas son Misioneras. Merecedoras de todo mi respeto y admiración. Y son para mí, indudablemente, las heroínas de nuestros tiempos.

UN REGALO DEL CIELO

Recordando su historia vuelvo a mí. Una malaria? Unas lluvias? Qué es eso al lado de lo que habían sentido y vivido esas gentes? Respiro profundamente. Aparto el miedo. Estas personas son capaces de alejar nuestros peores fantasmas. Me siento ridículo. Olvido del todo el miedo. Vuelve el valor. El orgullo. La convicción. Recordarlas a ellas tiene este poder. Y me concentro nuevamente en lo que puedo hacer ahora. Visto distinto, lo vivido era un regalo del cielo. No puedo ir a Gabón. Elecciones, fraude electoral. Revueltas…Inestable. En ese orden. O a la inversa. Da lo igual, el resultado es el mismo: INACCESIBLE. Por una vez doy las gracias a los mosquitos. A la malaria. Si no me hubiera cogido la última vez, me hubiera encontrado las revueltas probablemente en plena capital. Así que estaría bloqueado. Empiezo a pensar que la suerte me empieza a sonreír… si es que no lo había hecho desde el principio…Todo en esta vida, depende de la perspectiva. Y yo hace tiempo que decidí mirar la buena.

Renuncia

Recuerdo. Este es mi sueño. África es mi objetivo. Y todavía es posible. Ya estoy sano. Preparado. Y nadie dijo que sería estacion-sangmelimafácil…  África es así. Difícil. Dura. Pero intensamente rica a la vez. Así que decido hacer mi primera concesión. Alivio mi carga. Me río de mí mismo…antes de empezar realizo mi primera Gran renuncia. Por un bien mayor, por supuesto. No nos pondremos exigentes ahora. Aquí la rigidez es el principio de un inevitable e inmediato fin. Aunque pensándolo bien, debería cambiar el título de la aventura…Pues acabo de decidir que no voy a realizar toda la ruta en bici. Ella subirá conmigo al autobús mientras llueva. (continuará)   Esta semana que viene publicaré en el blog de El País, Africa no es Un País, mi segundo artículo. No os lo perdáis!! 🙂